martes, mayo 21

Dave Langlois, ornitólogo: “El mirlo es como Bach y el ruiseñor como Beethoven” | Clima y Medio Ambiente

A los observadores de aves se les llama en inglés “birdwatcher”; el británico Dave Langlois (Londres, 73 años), antiguo guarda de naturaleza en el Reino Unido, se autodenomina “birdlistener”, una persona que escucha a los pájaros. Autor del libro Los cantos de las aves. El orfeón olvidado (Editorial Tundra), este ornitólogo vive hoy entre Asturias y Extremadura justamente para estar más cerca de estos virtuosos de la música de la naturaleza.

Pregunta. En su libro incluye una clasificación de las 20 mejores aves cantoras de España en la que coloca en las dos primeras posiciones al mirlo y al ruiseñor. ¿Por qué?

Respuesta. Para mí, el mirlo es como Bach y el ruiseñor como Beethoven. El mirlo son las melodías sinuosas de oboe de una cantata o una misa de Bach, una ejecución perfecta. Y luego está la furia del ruiseñor, que es como uno de los últimos cuartetos de Beethoven.

P. En el caso del ruiseñor, asegura que tiene de 150 a 230 tipos de canto diferentes. ¿No es así?

R. El ruiseñor tiene más de mil notas, más de mil sílabas en su canto. Y no se repite. En abril o mayo, puedes escuchar una hora entera al ruiseñor que no se repite, su canto siempre es un poco diferente. El ruiseñor es un ave con infinidad de frases y el mirlo es un pájaro con una frase que varía sin límite.

P. ¿Los humanos se han olvidado de escuchar a las aves?

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R. A mí tener que explicar por qué escuchar el canto de las aves me parece contraintuitivo. Si fueran matemáticas puras o físicas de partículas, que son muy bellas pero complejas, lo entendería. Pero esto es facilísimo, lo único que se requiere es escuchar durante cuatro meses del año. La gente no lo hace hoy en día, no lo hace. Es como si colgasen en la calle los cuadros de genios de la pintura, como Vermeer, por ejemplo, y la gente no se detuviera a mirarlos. Esto resulta importante, porque no se protege lo que no se sabe apreciar.

P. ¿Por qué cantan las aves?

R. Aunque hay excepciones, por lo general son los machos los que cantan para impresionar a las hembras. Es una forma de decir: mira cómo yo he aprendido la música de la especie, también soy listo para encontrar comida o defender el territorio. La hembra espera un macho con destreza cognitiva y el canto es una prueba.

P. ¿Y qué tiene que ver esto con la infidelidad?

R. Resulta primordial, se puede entender el canto como una lucha constante contra la infidelidad, pues hoy sabemos que en los nidos hay muchos huevos que son de machos diferentes. Cuando un macho tiene un canto perfecto, no va a haber huevos de otros en su nido. Pero si afloja, la hembra va a buscar a otro para tener más posibilidades de pasar sus genes.

P. ¿Qué es el efecto Beau Geste?

R. Beau Geste es un soldado de un cuento de P. C. Wren que se queda solo en un fuerte, con todos sus compañeros muertos. Está rodeado por combatientes enemigos, pero coloca los cuerpos de los otros soldados por la muralla y dispara sus rifles por turnos para que parezca que son muchos. De esta forma, consigue que no le ataquen y sobrevive. Si un ave se mueve por su territorio realizando cantos con variaciones, un intruso también va a creer que hay muchos más y se van a ir a otro lado. Pero luego hay otros machos que son tan listos que llegan al territorio, escuchan el canto de un vecino conocido y tolerado, y son capaces de imitarlo para infiltrarse. La complejidad entre todas estas relaciones en el canto es increíble.

P. Cuenta el caso de un colirrojo real en Badajoz que en una hora de canto imitó 51 especies diferentes.

R. Sí, lo estudiamos. En algunas especies como el colirrojo real, el zorzal común, el estornino a la hembra también le impresiona que el macho sea capaz de imitar los cantos de todo el vecindario.

El experto en canto de las aves.PACO PAREDES

P. ¿Cómo se aprende a identificar el canto de las aves?

R. Para aprender hay tres claves. Primera: hace falta mucho esfuerzo, con las app [de identificación] del teléfono móvil no se aprende, porque lo hace todo el dispositivo. Segunda: escucha al amanecer, cuando es más fácil distinguir los cantos, pues las especies van cantando en orden. Y tercera: mejor no empezar en primavera, que hay demasiadas, sino ahora en otoño, cuando cantan solo unas pocas, el petirrojo, la totovía y pocas más. Así vas dominando cantos, antes de que vayan sumándose otras aves residentes a finales del invierno, como el mirlo, el chochín, el zorzal común, y lleguen luego las migrantes en primavera, que es una explosión. Los cantos siguen en verano, pero se van apagando poco a poco.

P. ¿La música de los humanos debe mucho a las aves?

R. Desde luego. Hay un ejemplo que me gusta de forma especial. Ta ta ta taaaa. Tres notas cortas que caen una tercera mayor. Este famoso tema de la quinta sinfonía de Beethoven se parece mucho al canto del herrerillo común. ¿Copia? ¿Casualidad? No sé, pero me parece imposible que personas con una agudeza auditiva como la de Beethoven, Bach o Malher vivieran rodeados de estos otros maestros del canto sin inspirarse en ellos para sus obras. Imposible. Beethoven escribió: “Cuando voy caminando por el campo, los escribanos cerillos, los ruiseñores, las codornices y los cucos van componiendo conmigo”.

P. ¿Más allá de la música clásica, en el libro das algunos ejemplos de canciones más modernas que meten directamente cantos de aves en la música, como Grantchester Meadows de Pink Floyd, donde se escucha una alondra? ¿Hay alguna música actual que se siga inspirando en las aves?

R. Esto no se hace hoy en día. Me gusta la música pop actual, pero es muy urbana.

P. ¿Por qué empieza a escuchar a las aves?

R. Empecé con 10 años en Reino Unido, saliendo al campo con amigos mayores. Yo era el más pequeño, pero ya mostraba una especial habilidad para distinguir aves. Supongo que es un don. Por otro lado, me encanta la música humana, me encanta la música aviar y me encantan las relaciones entre las dos. Curiosamente, empecé pronto en Londres, pero tardé 11 años en escuchar mi primer ruiseñor, a los 21. En todo Gran Bretaña, donde hay una gran tradición de aves, de música y de poesía, hay unas 6.000 parejas de ruiseñores. Sin embargo, solo la comarca de la Vera [en Extremadura] donde vivo parte del año tiene unas 50.000 parejas.

P. ¿Cuál es su método para escuchar a las aves?

R. Soy ornitociclista, hago todo en bici. Salgo a las 5,30 de la mañana y es una maravilla. Cuando estoy aquí en Asturias, vivo a pie de uno de los puertos icónicos de la Vuelta Ciclista, en Arriondas. Empiezo a subir en la bici en oscuridad total, en silencio total, en todo caso se escucha solo a veces algún ave nocturna como el chotacabras. Y poco a poco la luz y el sonido van en crescendo, empieza el petirrojo, subo un poco más, y se oye el mirlo, el zorzal común, el chochín, las currucas. Sigo subiendo, crece la luz y se van uniendo más y más cantos a la fiesta.

P. ¿Qué siente cuando los cantos se van apagando en verano y ya no volverán hasta la siguiente primavera?

R. Para mí es siempre un poco triste.

P. ¿Qué le sigue asombrando más del canto de las aves?

R. Cuando las aves empezaron a cantar hace 60 millones de años emitían un simple graznido. Para defender su territorio un perro hace guau guau y ya está, de dónde viene está increíble complejidad del canto de las aves de hoy en día, esto me fascina. La belleza del canto es un misterio.

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