lunes, mayo 20

La Vuelta: Sepp Kuss, ganador de La Vuelta: “Me he sorprendido a mí mismo por cómo he manejado las cosas” | Ciclismo | Deportes

Sepp Kuss, antes de la entrevista en su hotel de Torrejón.Andrea Comas

Mañana de domingo lluviosa y fea en un hotel de polígono industrial feo en Torrejón, bordeando Madrid. El glamour está dentro, of course. Está en una habitación Remco Evenepoel, el ídolo de la juventud, y por el vestíbulo pasea Jonas Vingegaard, Trine, su mujer, al lado, Frida, su hija, a hombros, y una sonrisa. “Estoy feliz, estoy feliz pese a no haber ganado la Vuelta”, dice el ganador del Tour, segundo en la Vuelta, y añade, como lo haría un cura en un sermón consolador: “La codicia no es buena”. En una mesa del vestíbulo esperan bien dobladitos unos maillots especiales Jumbo –negros con tres rayas, una rosa Giro, otra amarilla Tour y otra roja Vuelta, y, en la riñonera, la leyenda “Colouring history. The grand Tour trilogy 2023″— que recuerdan al mundo que es el primer equipo cuyos corredores ganan las tres grandes el mismo año. Una forma de colorear también las tensiones que ha generado un liderazgo compartido por tres ciclistas ambiciosos. En dos de ellas han coloreado la historia Primoz Roglic, ganador del Giro y podio en la Vuelta, y Vingegaard, pero en todas las tres solo ha pintado el ganador de la Vuelta. Los periodistas que se mueven por los bajos del hotel no han ido a ver a Vingegaard, precisamente, ni a Roglic, que no se deja ver, sino a Sepp Kuss, el cliente inesperado, el gregario de toda la vida –tres Vueltas, dos Tours, un Giro, pedaleados de lugarteniente, de ciclista de confianza, de trabajador infalible para la pareja estelar—que empezó la Vuelta sin más preocupación que la de no caerse en el llano, una mala costumbre, como recuerdan las dos tiritas casi graciosas en una ceja y en un lateral del ojo izquierdo que han sido su marca de fábrica las tres semanas de la ronda española, dos de ellas, dos tercios, vividas en el maillot rojo de líder. “Tengo cicatrices de la caída del Tour”, dice Kuss, de 29 años, norteamericano de Durango (Colorado), casado con Noemí, una mujer catalana, residente en Andorra, amor por la Vuelta antes aún de ser correspondido, y buen manejo del español hablado. “Me pongo las tiritas para protegerlas del sol tan fuerte de estos días…”

Pregunta. En la salida de La Vall d’Uixó la etapa de Javalambre, mientras Roglic y Vingegaard se mostraban inaccesibles, usted hablaba relajado con todo el mundo, como si estuviera de turista, y justo ese día su equipo organizó una fuga que a usted le cambió la vida…

Respuesta. Solo sabía que queríamos meterme en la fuga. Pero eso era más para ayudar a mis líderes, porque queríamos meter presión a Soudal y Remco, que en ese momento era nuestro rival principal. Pero durante la etapa me encontraba muy, muy bien y pensaba hoy voy a ganar, porque tengo las piernas para ganar. Llevaba un año o dos años sin ganar algo y para mí, y me gusta mi trabajo como un gregario, ganar es muy especial. Pero sí, desde entonces todo cambió.

P. Y eso que su equipo reguló para no llegar con más de tres minutos de ventaja, porque podrían haber llegado con seis perfectamente sobre Roglic y Vingegaard y ese día se habría acabado todo…

R. Sí, claro, pero no lo hicimos porque en la fuga estaba Marc Soler también y Landa… Había mucho nivel.

P. Usted era una persona que no quería pasarse tres semanas estresado, pensando solo en la general, pero cuando se puso líder, tras la octava etapa, es como si le cogiera gusto al peso del maillot…

R. En la mayoría de las carreras, especialmente las grandes, tengo muchos días de desconexión voluntaria, y eso me ayuda. Por eso puedo hacer tres grandes en el mismo año [es el primer ciclista desde el florentino Gastone Nencini ganador del Giro de 1957 que termina las tres grandes el mismo año ganando una de ellas], porque tengo muchos días donde puedo desconectarme, no totalmente, pero sin cargar con tanta presión como los líderes. Pero, desde el momento que me vestí de rojo, sentí responsabilidad para mantener el liderato. No sabía hasta dónde podría llegar y eso me quitó un poco de presión, porque no tenía expectativas en las etapas de montaña ni tampoco en la crono, porque no sabía hasta dónde mi cuerpo podría llegar porque con el calendario que ya llevaba [en 2023 Kuss ha competido 77 días: las tres grandes de tres semanas más el Tour de UAE y la Vuelta a Cataluña en febrero y marzo], siempre era una duda. Y si fallaba, no pasaba nada.

P. Conoce ya el gran éxito. ¿Querrá volver a la base, en la que tan a gusto se siente?

R. He alcanzado la cima de mi carrera y este es un momento inolvidable porque he ganado la carrera que para mí es la más importante, la carrera que siento más. Pero también me he sorprendido a mí mismo por cómo he manejado las cosas durante la carrera, la presión, los rivales fuera del equipo y, en la última semana, dentro del equipo, en buen rollo, pero rivales igual. Y eso me dio mucha confianza.

P. ¿Se ve como un jóker en el futuro?

R. Eso. Mi rol podría ser el de un corredor que no tiene nada que perder o jugar un poco mis características, porque tampoco los otros equipos saben hasta dónde puedo llegar en una general en el Tour en el Giro o lo que sea. Y así puedo ayudar a otros líderes, pero también puedo jugar mis opciones.

P. Habla de su amor por la Vuelta, correspondido por la afición desde, quizás, que ganó la etapa en el Acebo en 2019 y celebró feliz chocando la mano de los aficionados. No es nada tímido a la hora de mostrar su alegría…

R. Sí, porque no puedo ganar cualquier carrera, cualquier prueba, y en esa etapa en la Vuelta, en el Acebo, estuve en la fuga, en la misma situación, casi, que este año, en la sexta etapa. Estaba ahí con buenas piernas y con confianza para ganar la etapa y cuando la gané, me sorprendió, y eso me dio más alegría, más que una carrera que vas para ganar, sí o sí.

P. Pese a su “buen rollo” con Roglic y Vingegaard, ¿no se sintió traicionado por ellos en algún momento? ¿En Bejes, donde atacó Vingegaard, o en el Angliru, cuando se fueron los dos dejándole solo?

R. Sí, puff… Después de la etapa de Bejes estaba un poco no sé si decepcionado, pero sí un poco confundido sobre cómo iban a ser las cosas. Antes de esa etapa no sabía que nosotros tres íbamos a ser los tres más fuertes y eso complicó un poco la cosa, y en ese momento yo me di cuenta que pude perder el maillot ante un compañero, lo que para mí es un poco raro, y no me estaban atacando para quitarme el maillot, pero sí, también son corredores y al final rivales. Casi no dormí esa noche porque tenía tantos pensamientos sobre quién soy para ellos y quién soy para el equipo, para qué función sirvo, sí, un poco…

P. En el Angliru le atacaron quizás para comprobar si era un ganador digno… y resistió de rojo por ocho segundos.

R. Sí, claro. Antes hubo una reunión entre nosotros y habíamos acordado las cosas más o menos así, pero no esperaba que iban a seguir tirando a tope en la parte llana después de la cima. Cuando estaba en ese momento en la carrera, solo pensaba ‘voy a perder el maillot y eso es justo pero’…; cuando vi la etapa me daba un poco de pena, pero sí…

P. ¿Le salvó la rueda de Landa?

R. Sí, sí, sí… También sé que él estaba haciendo su carrera y también soy un rival, pero al final me ayudó y…

P. Después del 23 de la trilogía llega el 24… Supongo que el principal problema será ahora en noviembre o cuando decidan los objetivos para el año que viene, ¿no? ¿Va a pedir ser líder en una carrera?

R. No. En principio, no. Me gustaría ir a una gran vuelta como el Giro o la Vuelta con libertad pero no es una manera de ser el único líder. Si, por ejemplo, fuera el Giro podría ir allí para probar la general y, si no sale bien, buscar etapas y eso es perfecto, eso quita un poco de presión.

P. Lo complicado será repartir el Jumbo entre tres y que estén todos contentos.

R. Sí, en esta carrera vimos lo complicado que es tener dos o tres líderes, pero también en esta Vuelta el nivel de los rivales ha sido al final menor que en el Tour, por ejemplo y eso ayuda. En el Tour estarán Pogacar, Ayuso, Yates, otros rivales…

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