lunes, mayo 20

Los días ásperos de Ancelotti en el Bayern: el despido tras el abandono de la vieja guardia | Fútbol | Deportes

La última eliminatoria de la Champions en la que Carlo Ancelotti pisó el Allianz Arena, al que vuelve este martes, fueron unos cuartos en los que el Real Madrid eliminó al Bayern. Era abril de 2017, el italiano se sentaba en el banquillo bávaro y cayó eliminado (1-2 en Alemania, 4-2 en la vuelta). La derrota del Bernabéu le molestó de manera especial: “La tarjeta a Vidal [la segunda, en el 84, con 1-2, rumbo a la prórroga] no era, dos goles de Cristiano son en fuera de juego”, se quejó. En Alemania se fijan dos hitos como determinantes de la caída de Ancelotti en el Bayern: la eliminación contra el Madrid y la derrota contra el PSG cinco meses más tarde (3-0) en el deslumbrante estreno europeo de Mbappé en el Parque de los Príncipes, el último encuentro del italiano en el banquillo alemán.

La frustración del Bernabéu se acentuó por la munición que aportó al clan de los veteranos que, quizá en el único vestuario que ha perdido, terminó provocando su despido en septiembre. Una de las misiones que el Bayern encomendó al italiano cuando acordó que se incorporara en el verano de 2016 fue una transición generacional similar a la de su segunda etapa en el Madrid. Cuando asumió el cargo, Xabi Alonso y Lahm, que se retiraron a final de curso, tenían 34 y 32 años. Robben había cumplido 32 y Ribéry, 33.

El plan se había elaborado con margen. Ya en diciembre de 2015, el club anunció que Pep Guardiola se iría al acabar la temporada y que le sustituiría Ancelotti. El italiano había decidido alargar su época de descanso después de que Florentino Pérez le despidiera en junio de 2015. Resistió las maniobras de seducción para llevarlo de nuevo al Milan de Galliani, que se instaló en el hotel Wellington, a 500 metros de la casa del técnico en la puerta del Alcalá. Ancelotti se había decidido a vivir en Vancouver con su esposa, Mariann, canadiense.

Allí se operó una hernia cervical que le provocaba cierto adormecimiento en las manos. También allí le llegaron las ofertas del Liverpool y del Bayern, donde su mayor valedor era su viejo amigo el exfutbolista Karl-Heinz Rummenigge, entonces presidente de la junta directiva del club. Con tanta previsión, Ancelotti tuvo tiempo para empezar a aprender algunos rudimentos de alemán en Canadá. Aunque el vestuario lo dirigió sobre todo con el inglés que aprendió en 2009 en un convento holandés para cumplir con las exigencias de Abramovich antes de incorporarse al Chelsea.

En Múnich, la ciudad con más italianos de Alemania, Ancelotti encontró una vida cómoda tras la decepción del Madrid. En Baviera sustituyó los paseos por el parque del Retiro por los recorridos a través del Jardín Inglés, cerca de su casa muniquesa. Además la ciudad no está muy lejos de Italia (a cinco horas en coche de Milán, por ejemplo), por lo que, además de ir de cuando en cuando, recibía frecuentes visitas de amigos que le mantenían el suministro de tomates italianos para sus recetas.

La gestión de los veteranos resultó menos plácida. En particular la de Ribéry, que ya había sufrido con Guardiola. Tanto, que celebró la llegada de Ancelotti: “Es un regalo para el club. Desde que él llegó siento más confianza”. Las tiranteces quedaron a la vista tres días antes de la visita del Madrid a Múnich para la ida de los cuartos de 2017: el técnico le sacó del campo en el 74, el francés le pidió explicaciones y Ancelotti le calmó con un beso. En la vuelta en el Bernabéu, se molestó con las correcciones del entrenador e hizo ver que le pedía el cambio.

El Bayern cerró la temporada con otra Bundesliga, la quinta seguida del club. No fue suficiente para conmover a la vieja guardia, que encontró el respaldo de la dirigencia del Bayern, pese a que habían encargado a Ancelotti una transición. “Tenía a cinco jugadores en contra, era insostenible”, ha relatado el entonces presidente, Uli Hoeness. “Como entrenador, no puedes tener a jugadores estrella en tu contra. Por eso tuvimos que tomar medidas”.

El despido lo ejecutó Rummenigge después de que el equipo perdiera 3-0 contra el PSG en un encuentro que Ribéry vio desde el banquillo. “Él lo entendió, se levantó de su silla, me abrazó y me dijo: ‘Vale, ya no eres mi jefe, pero seguirás siendo mi amigo”, ha contado el exjugador, que aquel día lloró. “Debimos haber esperado un poco más antes de despedirle”.

La noche del último clásico, Ancelotti se quedó un rato charlando con Lewandowski, uno de sus futbolistas de aquellos días ásperos en Múnich. Poco después, el polaco mostró en una entrevista en Bild un desencanto similar al de Rummenigge: “Si Carlo se hubiera quedado un poco más, y hubiésemos superado la fase difícil con él, habría sido posible una era”. El italiano vuelve a jugar este martes en el Allianz con el Madrid, donde en 2014, camino a la Décima, también en semifinales, ganó 0-4. Al Bayern de Guardiola.

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