sábado, mayo 18

Masters de Roma 2024: Hurkacz despide a Nadal de Roma | Tenis | Deportes

Masters 1000 Roma – segunda_ronda –

Se marcha Rafael Nadal mosqueado, rendido por Hubert Hurkacz (6-1 y 6-3, en 1h 33m) y dolido porque su tenis se ha quedado a medias. Son casi 38 años, pero el orgullo del campeón sigue ahí, intacto. Como anticipaba dos días antes, tras la primera aparición en Roma, la prueba ha sido satisfactoria en términos físicos —fuerza el cuerpo ante una prueba de envergadura, y el chasis aguanta—, pero el nivel ofrecido no le ha alcanzado para poner contra las cuerdas al rival, tenista de perfil elevado —dos Masters 1000 en el currículo, el mismo que despidió, sin saberlo, a Roger Federer con un 6-0 en Wimbeldon— e incontestable en este cruce que sella su círculo en el Foro Itálico, con 10 trofeos y 70 victorias a las espaldas. Casi nada. Sella Nadal otra carpeta y enfoca ahora hacia a París, ya sin margen para más experimentos que los que puedan permitir los entrenamientos. El grande francés queda a dos semanas vista.

Que la de Hurkacz iba a ser una prueba mayor se intuía de antemano, pero el inicio de partido lo deja meridianamente claro. Nadal merodea el break durante 14 minutos, pero el polaco salva el primer turno de servicio con cinco opciones abortadas; a continuación, a la inversa, es el español el que repele y resiste durante 11, al sortear las dos posibilidades del rival y salir airoso de una situación que poco a poco va destapándose como engañosa, porque Hurkacz —picos de 232 km/h al saque— empieza a sentirse superior y la acción va abriendo progresivamente una brecha. La confianza de uno son las dudas del otro, y una vez registrada la primera rotura, para 3-1, el adversario va haciéndose más y más fuerte. Impensable en otros tiempos y otras circunstancias, el mallorquín es hoy día un competidor vulnerable que sigue rebelándose. Sabia, sin embargo, es la madre naturaleza.

Nadal imprime fuerza —el promedio de su derecha asciende de manera significativa, de 121 km/h en el estreno ante Zizou Bergs a los 132 km/h de esta vez—, pero sigue sin estar fino en la movilidad y la inseguridad en los apoyos le sitúa a merced del mazo de Hurkacz. El polaco exprime el servicio y no titubea, convencido de que si hay una oportunidad de hincarle el diente al mallorquín es hoy, aquí y ahora; así que incide y pega, aplicado y firme todo el rato, mientras que la propuesta del campeón de 22 grandes va agrietándose y no llegan las soluciones, derivando la situación en un terreno de precipitación e impotencia que rara vez ha visitado. Llega tarde, y envíe donde envíe, ahí que está el gigantón, cómodo en esa fase inicial al contragolpe y todavía más cuando se hace definitivamente con el timón del partido.

A Nadal se le percibe cansado —invirtió casi tres horas en resolver el debut— y la gestualidad tampoco termina de acompañar. Se invierte bien con la derecha, percute bien desde ahí abajo, pero le falta naturalidad en las maniobras y conforme va ampliándose la distancia se asoma la frustración. Muy raro, lo de ese raquetazo en la rodilla; rarísimo, eso de verle incurrir con frecuencia en el error. Es un Nadal meditativo, humanizado. Pensar mientras se juega, mala señal. La prueba es reveladora. ¿Competir? Sí. ¿Al nivel que desea? Solo él lo sabe. No ha sido un mal set, pero por más vueltas que le dé a la cabeza no encuentra el modo de revertir la situación, cada vez más complicada. No cede Hurkacz, puro hielo, soberbio en su registro, y el transcurso del segundo parcial se traduce finalmente en una engorrosa continuación que no ofrece vuelta de hoja: no hay remontada ni amago ni épica. Simplemente, una comprobación.

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