sábado, mayo 18

Rise Europe, una alianza europea para impulsar el emprendimiento tecnológico | Formación | Economía

¿El objetivo de Rise Europe? Crear una plataforma paneuropea de conocimiento, innovación y emprendimiento que potencie el músculo de la vieja Europa para solucionar los nuevos desafíos globales a los que debemos hacer frente. Debatir sobre innovación, tecnología, inteligencia artificial, sostenibilidad y cambio climático, entre muchos otros retos; así como impulsar la cooperación y la creación de empresas emergentes con el conocimiento y las herramientas imprescindibles para ser competitivas en un mercado global. Una alianza que cuenta con la participación de IE University y que, con apenas un año de vida, se ha reunido esta semana en Madrid para seguir dando forma a un proyecto que, cada año, reconocerá e impulsará también a las mejores empresas emergentes.

“Necesitamos una nueva cultura de emprendimiento en Europa para abordar desafíos como la crisis climática, la transición energética o las nuevas tecnologías”, afirma Helmut Schönenberger (Alemania), fundador y CEO de Rise Europe. Una cultura, sostiene, de necesaria colaboración y conocimiento compartido, porque la solución a tales desafíos (y a otros como la salud o la infraestructura financiera) no podrá venir de un único país, sino que requerirá la colaboración de equipos emprendedores internacionales que incluyan todo el talento del que Europa dispone. “De cualquier otra forma, tendríamos a 50 millones de personas en un mercado, 20 en otro, 30 en otro… mientras Estados Unidos maneja un mercado único de 300 millones y China de 1.000″, añade por su parte Ikhlaq Sidhu, decano de la Escuela de Ciencia y Tecnología de IE University.

El emprendimiento, sostiene el académico, está en la raíz de todos esos retos, pero para poder participar, Europa tiene que dar primero una serie de pasos fundamentales que armonicen el mercado, la normativa, la política… “Si no lo hacemos, nos quedaremos con un montón de actores pequeños pero incapaces de competir a escala global. Y entonces solo nos quedará depender de otra gente para hacerlo y crear la tecnología que haga falta”, esgrime Sidhu.

Clave 1: emprendimiento y tecnología

“Muchas de las empresas emergentes que apoyamos trabajan con una tecnología rompedora, con cosas que cambiarán la forma en que haremos negocios en el futuro”, sostiene Lisa Ericsson, directora de KTH Innovation, en Estocolmo (Suecia). “Muchas de estas startups tienen esta nueva IA que acelera tremendamente los procesos porque la pueden usar para hacer simulaciones, lo que les evita gastar tiempo en construir pequeños prototipos y les ayuda a llegar antes al mercado”. Y tanto Ericsson como Schönenbeger y Sidhu lo tienen claro: las empresas emergentes son la fuerza directora que hace posible estas iniciativas (nuevas, escalables y con ganas de marcar la diferencia), muchas de las cuales dan sus primeros pasos en el entorno universitario.

Sin ir más lejos, las 20 instituciones que conforman Rise Europe imparten clase a 30.000 alumnos cada año; toda una red de centros que actúan como fábricas de startups. “Lo que haremos aquí es conectar los puntos allí donde somos realmente fuertes (por ejemplo, con la infraestructura en Suecia, o los programas educativos en Madrid). Y, al juntar nuestras fortalezas, podemos equilibrar esas empresas emergentes de forma mucho mejor que si, por ejemplo, lo hacemos solo en Munich”, afirma Schönenberger.

La colaboración entre las startups y las grandes empresas ya consolidadas es, además, de vital importancia en lo que respecta a la investigación e innovación: “Las compañías de mayor tamaño tienen todo un porfolio de productos y un gran conocimiento de sus clientes y sus mercados, pero para ellas cualquier cambio involucra un riesgo. Los emprendedores son quienes corren ese riesgo: si tienen éxito, encontrarán su lugar en la industria, como elemento disruptor o siendo adquiridos por otra empresa”, señala Sidhu. Una sinergia perfecta.

Clave 2: ¿por qué una alianza europea?

Desarrollar una alianza como Rise Europe ofrece, además de las ventajas ya señaladas, otra serie de oportunidades (talento, capital, mercado, infraestructuras) que redundan en una mayor competitividad y relevancia internacional. Posibilita el que un emprendedor español, sueco o inglés, por ejemplo, pueda acudir a un mercado más allá de sus fronteras nacionales y conseguir financiación para su empresa; “comprender cómo navegar los distintos mercados en Europa, entender quiénes son los inversores en distintos lugares y ser capaz de recabar apoyo en cualquiera de ellos”, explica Sidhu.

Unir fuerzas puede, también, influir positivamente en la defensa de un marco regulatorio más armónico entre los distintos Estados, de manera que pueda evitarse que las diferencias entre unos y otros no sea un freno para el emprendimiento; e incluso para establecer una agenda común: “Ser parte de Rise Europe me ha empoderado y determina lo que hago cada día, porque tener esta mentalidad verdaderamente europea no es algo que suceda con naturalidad. Pero creo que es crucial ser parte de una red como esta e impulsar una agenda común. Porque, a veces, te sientes un poco solo en tu propio ecosistema”, apunta Ericsson.

Para la académica sueca, es necesario tener una postura abierta al talento que pueda venir de fuera, de manera que las universidades no trabajen en silos aislados, “porque muchas lo hacen: se ven como torres de marfil de la educación y la investigación, y no están tan conectadas”.

Clave 3: desarrollar la mentalidad adecuada

Si la base de talento, recuerdan los expertos, es una de las fortalezas del ecosistema europeo a la hora de investigar y desarrollar innovaciones, algunos de los mayores obstáculos tienen que ver con la inexistencia de un mercado unificado y con la dificultad en crear empresas que sean realmente globales. “El problema”, sostiene Sidhu, “es que no hay un mercado común, porque la regulación cambia de país en país. Así que quizá puedas vender algo aquí, pero no al otro lado de la calle. A veces hay una normativa que es de alguna forma proteccionista, lo que causa confusión e inseguridad a la hora de crear una compañía”. Y luego, añade, la mentalidad de los inversores, que pueden incluso preferir invertir fuera de Europa, en vez de dentro, también cambia de un sitio a otro.

“Yo creo que, en Europa, a veces tendemos a pensar en pequeño; no vemos el mundo como un mercado. [Una empresa sueca] mira primero a Suecia, luego se expandirá a Alemania y después más allá. Pero no tenemos una mentalidad global desde un principio”, reflexiona por su parte Ericsson. La experta recuerda un viaje a Boston (EE UU) antes de navidades en el que pudo conocer a muchos emprendedores, “y cualquier persona con quien hablaba estaba creando empresas increíblemente complejas en un periodo realmente corto de tiempo. La velocidad es algo que tenemos que trabajar en Europa, y en eso puede ayudar Rise Europe”.

Disponer de una mentalidad innovadora es, sin duda, uno de los elementos esenciales a la hora de crear tu propia empresa. Ahora bien, ¿en qué consiste? “Se trata de cómo piensas en las cosas y cómo reconoces las oportunidades. Imagina que yo le enseño este vaso de papel [que sostiene en la mano] a alguien en Silicon Valley, y le digo: “¿Has visto qué vaso?”. Ellos, probablemente, me dirían: “Oh, qué interesante. ¿Cuánto cuesta fabricarlo? ¿Podrías hacer un millón?”. Pero si se lo enseñas, en Europa, a una persona normal que piense a la antigua, te contestará que si lo pueden usar en la fiesta del siguiente fin de semana”, afirma Sidhu.

La primera, sostiene, es una mentalidad exponencial no linear; la segunda, muy operativa, como buscando encajarla en algo que va a suceder. Y ahí ubica el futuro de la educación en Europa: en una combinación de comprensión de negocios, un conocimiento técnico y esa mentalidad adecuada. Pocos, añade, poseerán las tres características, pero sí al menos dos de ellas.

Clave 4: superar la brecha de género

Fomentar una mayor representación de la mujer en los ecosistemas de emprendimiento es, apuntan los académicos consultados, una verdadera necesidad: “A fin de cuentas, si piensas en la figura del emprendedor, del innovador, verás que normalmente es un hombre el que inventa cosas y crea y levanta empresas (…). Pero tenemos que asegurarnos de que todo lo que hagamos esté igualmente abierto a todos, porque si no, estaremos dejando fuera a la mitad de fuerza laboral”, advierte Ericsson.

La solución, apunta Sidhu, pasa por aumentar el número de mujeres entre los inversores, “de manera que, cuantas más haya, más podrán ver oportunidades que quizá otros no pudieron ver”. Pero alcanzar una representación adecuada, reclama Ericsson, también significa superar los sesgos inconscientes que todavía perduran: “Por ejemplo, los inversores hacen distintas preguntas a las emprendedoras, algo que debería ser fácil de cambiar. ¿Por qué las preguntan si tienen familia, o si su marido las apoya? Ese tipo de preguntas no se las hacen a los hombres, y probablemente ellos también sean padres y tengan esposa”.

La visibilidad es también uno de los factores que más se reivindican, por ejemplo, llevando de vuelta a la universidad a emprendedoras de éxito. “Nosotros tuvimos una conferencia donde una fundadora dio la charla con su bebé en brazos. Esa fue la mejor promoción del emprendimiento femenino, porque demostró que era posible tener a la vez una familia feliz y una compañía superexitosa”, recuerda Schönenberger.

Sin embargo, convertirse en modelo para los demás es un arma de doble filo, “porque se supone que tienen que serlo, y ya muy pronto en su carrera emprendedora las hacen intervenir en todos los paneles. Imagina la presión que sienten… A veces defiendo que las mujeres necesitan ser promedio, no promesas al alza; necesitan cometer errores y tener ideas estúpidas también, porque así es como aprendemos”, concluye Ericsson.

FORMACIÓN EL PAÍS en Twitter y Facebook

Suscríbase a la newsletter de Formación de EL PAÍS

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *